Blog Obra social GARU Accesibilidad - Un espacio para la reflexión

Buenos días garuber, ¿cómo va ese lunes? Aquí estoy de nuevo acompañándote. La semana pasada os contaba la historia de María, una profesora de baile con agorafobia que grabó un vídeo explicando en qué consiste esta enfermedad. Lo más bonito de todo es que lo hizo bailando al son de un tema de Pablo Alborán, y además en la calle. Demostrando que por muchos obstáculos que tengamos, se pueden superar con voluntad y pasión hacia aquello que hacemos. Hoy me gustaría hablarte de algo que me ha ocurrido este fin de semana y me ha hecho descubrir que no solo se deben adaptar los edificios, el transporte público o las viviendas porque… ¿qué pasa con los parkings? En este post quiero compartir contigo como caí una vez más en la cuenta de que la vida no está pensada para las personas que tenemos dificultades físicas.

Este mismo sábado por la mañana quedé con mi mejor amiga Dagmara para tomar un café y charlar un poco de nuestras cosas (que somos de cotorrear mucho y el rato de cotilleo a la semana no nos lo quita nadie). Dagmara vive en Pozuelo de Alarcón, y como tiene el carnet de conducir desde hace años, siempre era ella la que venía a visitarme a mí a Colmenar Viejo. Como por fin yo también tengo coche, decidí que sería yo la que se acercara a su zona para corresponderla y que no siempre tuviera que desplazarse hasta mi pueblo, así que cogí mi “buga” camino al centro comercial de Pozuelo. El recorrido iba genial, escuchando música y con el gps, la verdad es que la m-40 la voy controlando bastante bien, y además era fácil llegar.

El problema surgió cuando entré en el parking de dicho centro comercial, porque de repente descubrí un obstáculo en el que no me había parado a pensar nunca: al situarme al lado de la máquina en la que hay que introducir el ticket para que la barrera se levante, bajé la ventanilla y por más que lo intentaba no era capaz de llegar al botón. Estiraba el brazo todo lo que podía, pero nada. Los coches que esperaban detrás se iban apelotonando. Pitidos. Más pitidos. Yo, cada vez más nerviosa, porque la única solución que tenía era bajarme del coche, pulsar el botón y volver a subirme muy rápido para que la barrera no volviera a cerrarse durante el tiempo de mi maniobra. Lo intenté de esta manera, pero como me cuesta lo mío subirme al vehículo, antes de arrancar la barrera se cerró de nuevo. Toda la gente nerviosa sin saber qué era lo que estaba pasando entre sonidos de claxon que se me hacían cada vez más incómodos, hasta que por fin el conductor de atrás, consciente de que estaba en un apuro, vino a mi ventanilla para preguntarme qué estaba ocurriendo.

Al explicárselo, el hombre me comprendió y se mostró muy agradable, pidió paciencia al resto de los conductores y me ayudó a tocar el dichoso botoncito. Cuando por fin rebasé la barrera y me dispuse a aparcar en un hueco que había justo al lado, toda la gente que había detrás de mí, nerviosos y con cara de pocos amigos, me miraban con gestos recriminatorios sin dejarme terminar de estacionar. Era un sitio complicado, y con coches sin parar de pasar, los nervios que yo tenía por la situación anterior y que solo utilizo las dos manos para manejar todo el mecanismo, se me estaba haciendo muy cuesta arriba todo. Intenté efectuar el aparcamiento como pude entre tanto jaleo y falta de paciencia, y el resultado fue el siguiente: me comí la columna de atrás. (Pero tranqui, que yo estoy bien, solo tengo un rasponcito muy pequeño en el embellecedor de la puerta). En ese momento el amable señor que me había echado una mano vino corriendo y me dijo: tranquila, tú tranquila, no hagas caso a la gente.

Gracias a aquel hombre logré de una vez por todas aparcar dándole las gracias por ambos gestos de solidaridad. A raíz de este suceso, me vienen a la cabeza dos preguntas: Si en vez de andador necesitara una silla de ruedas para desplazarme y no tengo posibilidad de mover las piernas, ¿cómo me bajo del coche y le hago saber al coche de atrás que estoy en apuros? Bueno, existen unas pegatinas azules con el icono del monigote en silla de ruedas que por lo visto sirve para alentar al resto de que ese vehículo va con una persona con discapacidad, lo que ocurre es que no por llevar la pegatina la gente va a saber exactamente lo que me pasa o lo que necesito, porque no tienen telepatía. Eso me lleva naturalmente a la siguiente cuestión: ¿no sería mejor que se inventara un mecanismo distinto para activar el levantamiento de barrera? SÍ, hay que crearlo. Desde aquí pido más accesibilidad en los parkings y, sobre todo: PACIENCIA CONDUCTORES, PACIENCIA.

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