Una dosis de Rallydad

Buenos días Garuber, ¿cómo has pasado el fin de semana? espero que muy bien. La semana pasada, con motivo del día de la mujer quise dedicar un post a todas las madres que se esfuerzan día a día por cuidarnos y querernos. En el post de hoy, me gustaría hablar de otro tipo de esfuerzo, el que ha tenido lugar el pasado fin de semana en la plaza General Pueyrredón del barrio porteño de Flores con motivo de la décimo tercera edición de “Rallydad”, una carrera que busca generar conciencia sobre la importancia de la accesibilidad en la sociedad. Te cuento exactamente de qué trata esta actividad organizada por la asociación civil “Acceso Ya” cuyo leit motiv principal es la frase “ponte en el lugar del otro”.

Consiste en invitar a la gente a subirse en una silla de ruedas para así poder vivir la experiencia de tener que moverse por las calles con las dificultades y barreras arquitectónicas que eso supone, limitaciones a las que las personas con discapacidad tenemos que enfrentarnos a diario. Desde mi punto de vista, creo que esta carrera representa un ejercicio muy potente de cara a trabajar la empatía, ya que como he mencionado en ocasiones anteriores, uno no se da cuenta de lo difícil que está el mundo hasta que no lo vive en sus propias carnes. Pero, sobre todo, es fundamental y necesaria porque no se realizan recorridos escogidos al azar, sino que aquel que quiera participar deberá pasar por varios puntos concretos como son escuelas públicas, transportes (metros, trenes, veredas en mal estado) locales o lugares de ocio en general… es decir, lugares imprescindibles para toda persona. Se trata de libertad, de educación, de derechos básicos. De poder crecer, avanzar, relacionarse y formarse.

Por ejemplo, en mi caso (y eso que yo no tengo la movilidad demasiado reducida), ha habido escuelas de interpretación o canto a las que no he podido apuntarme por estar construidas en cuesta o tener demasiadas escaleras sin ascensor, o estar situadas en una zona en la que la única forma de llegar era cogiendo el metro en estaciones sin adaptar. Aun así, con todo y con eso, es verdad que si han sido cursos intensivos interesantes durante un corto espacio de tiempo he asistido igualmente, dejándome el bolsillo en taxis o lo que hiciera falta y pidiendo ayuda cada vez que la necesitara a cualquiera que pasara por mi lado. Pero es que eso no puede ser, primero porque no todo el mundo dispondrá de los medios suficientes para hacer eso (y por supuesto no pretendo fardar mi situación, porque es la de hoy, pero mañana cuando tenga hijos todo puede cambiar) y segundo, porque, aunque se tuvieran dichos recursos no sería justo, ya que todos tenemos derecho a poder elegir dónde queremos que nos formen como profesionales o el lugar donde queremos tomar una cañita el domingo por la tarde. Y es que no te imaginas cuánto puede llegar a acotarse nuestro radio de posibilidades solo por el simple hecho de no tener forma de acceder a ciertos lugares. Una escuela con escaleras no son solo barreras arquitectónicas, también la pérdida de grandes oportunidades.

Por todos estos motivos, creo que de vez en cuando está bien recibir una “dosis de Rallydad”, ya que es lo que ayuda a cambiar las conciencias de los futuros arquitectos, empresarios y de todo el mundo en general, pero eso sí, sin olvidarnos de que ese paseo momentáneo esconde detrás una realidad bastante más profunda y complicada que afecta a los aspectos más primarios de la vida de muchas personas.