Las personas con discapacidad o en situación de discapacidad, son aquellas que tienen deficiencias físicas, mentales, intelectuales o sensoriales. Estas personas interactúan y se encuentran con barreras de diferentes ámbitos. Estas barreras pueden interferir en su vida impidiendo un desarrollo pleno en la sociedad en la que vivimos. Esto les ocasiona una desigualdad de condiciones. ¿Cómo ayudar a una persona con discapacidad?

 

La discapacidad

La discapacidad no significa incapacidad, por tanto, el trato que se les debe dar a estas personas no debe ser ni compasivo ni diferente al que tenemos con cualquier otra persona.

Cuando tenemos clara la condición de persona, y la anteponemos a cualquier discapacidad, conseguimos tratar a las personas con respeto y con naturalidad. Esto quiere decir sin parecer condescendientes, sin hacerles sentir diferentes, porque no lo son. No hay que hablar más fuerte o más despacio de lo normal, no hay que evitar miradas que incomodan. Eso es lo que incomoda realmente.

Tampoco hay que sobreproteger, sí, ayudar en el momento que sea necesario, como puedes ayudar a cualquiera que lo necesite.

Teniendo claro que las personas con discapacidad no necesitan un trato especial, es importante no tratarlas con demasiado paternalismo ni adelantarse a sus necesidades, no debemos pensar que necesitan ayuda para todo, pero sí necesitan de nuestra sensibilidad (todos la necesitamos), por tanto, tampoco podemos obviar que tienen limitaciones.

Comprender el tipo de discapacidad también nos ayuda a ofrecer el trato adecuado.

 

Movilidad reducida o discapacidad visual

Las personas con algún tipo de discapacidad esperan recibir el mismo trato que cualquier otra persona, necesitan sentirse totalmente integradas en la sociedad, y por tanto, es importante ofrecerles toda la autonomía e independencia posible, y en caso de ver que puntualmente necesitan ayuda, lo mejor es ser directos y preguntar cómo les puedes ayudar.

Vamos a ponernos en el caso de alguien con movilidad reducida. Pensemos que para esa persona su silla de ruedas es su espacio, por tanto, no debemos tocarla o empujarla si no es la persona quien en un momento determinado lo solicita. Adaptarnos nosotros es la mejor forma de mejorar la relación, eso es exactamente comprender el tipo de discapacidad. Si hablamos con ella, ponernos a su altura, adaptar nuestro paso a su velocidad y, en caso de que exista un obstáculo o dificultad, ofrecerles nuestra ayuda.

En el caso de tratar con una persona con discapacidad visual, es importante no ofrecer la ayuda directamente, hay que preguntar siempre si la necesita, y si es así, no vale con quedarnos callados y simplemente coger del brazo, es importante interactuar con ella con naturalidad y claridad, ofreciéndole indicaciones que le ayuden a orientarse y tanto al dirigirte a ella por primera vez, como al despedirte, identifícate y despídete.

 

Discapacidad auditiva o discapacidad intelectual

Si la persona tiene una discapacidad auditiva, no debemos subir el tono de voz, eso resulta intimidante y agresivo. Será necesario ponernos en un lugar en el que se nos vea la cara para poder vocalizar bien, y ayudarnos de gestos es importante. Si la frase no se entiende es necesario reconstruirla cambiando las palabras. Algo bastante usual en las personas es dirigirse, si esa persona está acompañada, a ese acompañante: No hay que hacerlo, no hay que evitarla, está ahí, no es invisible. Hay que hablar directamente con esa persona.

En el caso de hablar con una persona con discapacidad intelectual, es importante hacerlo con naturalidad, no te impacientes si esa persona tarda en reaccionar o en contestarte, también está tratando de complacerte, busca frases sencillas y no alces la voz, emplea temas que le interesen y dale confianza para que se sienta cómoda. Sonríe e interésate por su conversación.

Y pensemos, como reflexión, que no es la discapacidad la que hace difícil la vida, sino las barreras que pone la sociedad.

 

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